Puedo decir que lo más grande que tengo es mi gusto por Héroes del Silencio. Y no mentiría.
La voz de Enrique "Mi Dios" Bunbury me ha acompañado en los peores y los mejores momentos. Desde que lo conocí cuando era una escuincla y saltaba en el asiento trasero del auto de mi padre mientras él, si Él, escuchaba héroe de leyenda en la radio. Inmediatamente me senté y puse atención. Al principio una chiquilla de 4 años no entendería la complejidad de dicha letra, pero el "señor" como en ese entonces dije, cantaba bonito.
Luego Maldito Duende me robo mi primer grito de locura. Mi hermana (Nancy, larga historia) me cuidaba mientras la gente mayor trabajaba, ella fumaba junto a la ventana con el bote de fijador para el cabello en una mano, para ocultar el olor del tabaco, y su cigarro mal prendido en la otra. Con el aparato a sus pies y la voz de Bunbury saliendo por las bocinas.
¿Quién es, Nancy? Pregunté curiosa por la voz del "señor"... se me hacía familiar, la recordaba del carro. Esta vez era una pista, de un disco que acababa de comprar. "Héroes del silencio" dijo y me empujo para que no le estorbara al sacar el humo de la boca.
El nombre se quedo ahí, en el silencio de mi cabeza. Obviamente seguí escuchandolos por Nancy, pero la envidiosa nunca me dió una pista, una seña de ellos, solo sabía que los acordes y la voz seguían presentes.
Crecí y Nancy se fue. No supe más de Héroes hasta que sacaron "La chispa adecuada" en Avalancha y de nuevo la escuche en el carro, por mi padre. Me alegraba volver a saber de él. De esa voz. Más aun era muy pequeña para entender lo que cantaba.
Me olvide de ellos, por años, a veces caia en cuenta de que un "tipo" cantando sobre el infinito o tierras ajenas a él, era la misma voz que se perdía en mi memoria. Era él, pero su voz había perdido algo, no era igual. Le faltaba la guitarra de Valdivia, el bajo de Cardiel, el ritmo de Andreu. Era y no era él. Pero no podía recordarlo.
Cuando fui mayor, pude recordar por Alberto y Lemus, me reencontré con esa voz que tantas veces había buscando en las estrofas de "Alicia" o de "si" años más tarde. Alberto y Lemur me devolvieron al camino del exceso, con sus oraciones y flores de loto, con sus mares incesantes y sus héroes y sirenas.
¡TE ENCONTRABA MI DIOS!
Pero fue él, el puto desagradecido. Mi Adonis, quien hizo crecer en mi esa devoción. ¡Tú, Adonis! Fue el momento de adorar esa voz, esa guitarra, ese bajo y esa bateria. De darme cuenta que esa voz es por lo que me alegra escuchar, por la única que me interesaría aunque ni se supiera que existo.
Estaba de nuevo contigo, con mi "señor" que cantaba bonito. Que ahora entiendo todo lo que trataba de decirme en ese entonces. De cuanto trascendió en el tiempo y me lo dice ahora. Cuanto me sirve, cuanto lo escucho y entiendo, cuanto lo adoro, cuanto amo su voz.
Héroes y Bunbury me han acompañado hasta aqui, hasta este momento en que hago un recuento escuchando su tour 2007. Cuando la niña que los escuchó por primera vez en el auto fue y vibro con su concierto. Que lloró cuando Bunbury entono la herida (que por cierto es la canción que ahora esta) que grito como loca "AVALANCHA" al saberse ahi, compartiendo el aire. La misma que miraba a las gradas buscando a quien había devuelto la voz. La misma que puede morir escuchando Héroe de leyenda, o puede vivir con Sirena Varada.
La misma que hoy trata de resumir su amor por Héroes del Silencio, no simplemente por la voz de Bunbury o por los instrumentos y las personas que estan a su lado, sino por todo lo que representan para ella.
Esa que escribe para unos cuantos, que desearía que Enrique o Juan o Pedro o Joaquin leyeran esto.
La misma que sabe que estarán ahi, con la canción correcta en el momento correcto. Yo.
Lo más grande que tengo es esa compañia de Enrique Bunbury, Juan Valdivia, Joaquin Cardiel, Pedro Andreu. Ellos son Héroes del Silencio, los únicos que si me importan aunque no sepan que existo.
Y como dijo Bunbury al terminar Avalancha en su tour 2007: "un verdadero placer estar con todos ustedes..."
La voz de Enrique "Mi Dios" Bunbury me ha acompañado en los peores y los mejores momentos. Desde que lo conocí cuando era una escuincla y saltaba en el asiento trasero del auto de mi padre mientras él, si Él, escuchaba héroe de leyenda en la radio. Inmediatamente me senté y puse atención. Al principio una chiquilla de 4 años no entendería la complejidad de dicha letra, pero el "señor" como en ese entonces dije, cantaba bonito.
Luego Maldito Duende me robo mi primer grito de locura. Mi hermana (Nancy, larga historia) me cuidaba mientras la gente mayor trabajaba, ella fumaba junto a la ventana con el bote de fijador para el cabello en una mano, para ocultar el olor del tabaco, y su cigarro mal prendido en la otra. Con el aparato a sus pies y la voz de Bunbury saliendo por las bocinas.
¿Quién es, Nancy? Pregunté curiosa por la voz del "señor"... se me hacía familiar, la recordaba del carro. Esta vez era una pista, de un disco que acababa de comprar. "Héroes del silencio" dijo y me empujo para que no le estorbara al sacar el humo de la boca.
El nombre se quedo ahí, en el silencio de mi cabeza. Obviamente seguí escuchandolos por Nancy, pero la envidiosa nunca me dió una pista, una seña de ellos, solo sabía que los acordes y la voz seguían presentes.
Crecí y Nancy se fue. No supe más de Héroes hasta que sacaron "La chispa adecuada" en Avalancha y de nuevo la escuche en el carro, por mi padre. Me alegraba volver a saber de él. De esa voz. Más aun era muy pequeña para entender lo que cantaba.
Me olvide de ellos, por años, a veces caia en cuenta de que un "tipo" cantando sobre el infinito o tierras ajenas a él, era la misma voz que se perdía en mi memoria. Era él, pero su voz había perdido algo, no era igual. Le faltaba la guitarra de Valdivia, el bajo de Cardiel, el ritmo de Andreu. Era y no era él. Pero no podía recordarlo.
Cuando fui mayor, pude recordar por Alberto y Lemus, me reencontré con esa voz que tantas veces había buscando en las estrofas de "Alicia" o de "si" años más tarde. Alberto y Lemur me devolvieron al camino del exceso, con sus oraciones y flores de loto, con sus mares incesantes y sus héroes y sirenas.
¡TE ENCONTRABA MI DIOS!
Pero fue él, el puto desagradecido. Mi Adonis, quien hizo crecer en mi esa devoción. ¡Tú, Adonis! Fue el momento de adorar esa voz, esa guitarra, ese bajo y esa bateria. De darme cuenta que esa voz es por lo que me alegra escuchar, por la única que me interesaría aunque ni se supiera que existo.
Estaba de nuevo contigo, con mi "señor" que cantaba bonito. Que ahora entiendo todo lo que trataba de decirme en ese entonces. De cuanto trascendió en el tiempo y me lo dice ahora. Cuanto me sirve, cuanto lo escucho y entiendo, cuanto lo adoro, cuanto amo su voz.
Héroes y Bunbury me han acompañado hasta aqui, hasta este momento en que hago un recuento escuchando su tour 2007. Cuando la niña que los escuchó por primera vez en el auto fue y vibro con su concierto. Que lloró cuando Bunbury entono la herida (que por cierto es la canción que ahora esta) que grito como loca "AVALANCHA" al saberse ahi, compartiendo el aire. La misma que miraba a las gradas buscando a quien había devuelto la voz. La misma que puede morir escuchando Héroe de leyenda, o puede vivir con Sirena Varada.
La misma que hoy trata de resumir su amor por Héroes del Silencio, no simplemente por la voz de Bunbury o por los instrumentos y las personas que estan a su lado, sino por todo lo que representan para ella.
Esa que escribe para unos cuantos, que desearía que Enrique o Juan o Pedro o Joaquin leyeran esto.
La misma que sabe que estarán ahi, con la canción correcta en el momento correcto. Yo.
Lo más grande que tengo es esa compañia de Enrique Bunbury, Juan Valdivia, Joaquin Cardiel, Pedro Andreu. Ellos son Héroes del Silencio, los únicos que si me importan aunque no sepan que existo.
Y como dijo Bunbury al terminar Avalancha en su tour 2007: "un verdadero placer estar con todos ustedes..."
+.-*\_= NISA =_/*-.+
Escribo con tinta roja de lágrimas de un juglar
Escribo con tinta roja de lágrimas de un juglar