miércoles, 30 de abril de 2008

Pánico Reloaded

Pues bien sino leyeron Pánico, bajen un poco o pinche ahi en "Pánico". O aqui. O acá. Y lean... sino... pues ya que, ¡ni quien los obligue!

El regreso fue peor...

Encontré un momento de paz y quietud en el refugio que es mi salón, platicando con Tania, riendo con Monse, peleando con Alcón. Todo bien, compartiendo chismes con L (Ele) fuimos al banco y pasamos a comprar una blusa en Zara, ¡Ah, fui víctima del consumismo! Vagamos por las calles del bello centro de la ciudad y el momento llego. La despedida.

Yo: Ele, me voy, pero si muero, dale mis discos de Héroes a mi hermana. Tu quedate con mi blusa n.n
L: no moriras, son solo audifons, además te presto los mios traigo dos pares.

¡L! mi salvador. Me dio los ches audifonos enormes que saco Ericcson, de esos que si te los pones debes ser el señor Spock para que entren, que sino, no'mas nada.

Como sea, me los puse y soporte tres segundos con ellos. Me quite uno, me quiete el otro, descanse, me los volvi a poner. ¡DIOSES! Son horribles, pero es preferible sufrir a ir aguantando los berridos de los chamacos de Candelaria. Mejor que ir escuchando al reggaetonero vendedor de discos piratas. Mucho mejor que soportar los gritos y reclamos de las verduleras de merced.

Pero no aguantaba más eran una tortura, y la imagen de mi madre de nuevo aparecio en mi mente, ahora el martini estaba solo en sus manos, y se burlaba de mi y mi sufrimiento.

Fue horrible, todos me acusaban con la mirada, secreteandose como en el "Planeta de los changos"... "¡Puede hablar, puede hablar!" Ya no podía más. Era horrible y sentia que moria, que mis oidos eran preferibles sin audifonos a esta tortura mediebal.

Imagino al wey que los diseñó: "Nombre, soy un genio por estos enormes audifonos" ¡SEGURO PENDEJO!

El trayecto fue menos penoso que el primero sin audifonos, pero aun así debía completar esta historia pues siempre dejo todo sin terminar (Bueno, casi todo^¬^)

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Escribo con tinta roja de lágrimas de un juglar

sábado, 26 de abril de 2008

España

He descubierto que tengo una extraña fascinación por los hombres españoles. Y no solo por los ricos y famosos como mi Dios Bunbury o Jorge Salan (mi Semi-Dios). Por cualquier "majo" que salga ya sea jugando al guitar hero en la TV o tocando una flauta en el youtube.

¡Que si es español por fuerza que me llama!

Y es que me encanta España, aunque muchos de mi país no quieran a la madre patria por todo el rollo de la conquista y no se que más. ¡Que somos mestizos!... Ni somo españoles, ni somo indigenas. Un poco de ambos que ya nos vamos poniendo de acuerdo.

Según conjeturas familiares, por mis venas corre sangre española e italiana, supongo (y es lo más probable y lógico) que indigena también.

Pero no entiendo porque ese delirio por un chico español.

Supongo que es el acento.

Y para rematar este post: Un video de Jorge Salan.


Próxima continuación de "Pánico"...



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Escribo con tinta roja de lágrimas de un juglar

martes, 22 de abril de 2008

Pánico

Pocas veces entro en pánico, de hecho soy muy pero MUY exagerada y cuando entro en pánico no es real. A veces.

Hoy fue el "día P"

Siempre (y podría contarlo como manía) tomo mis audifonos antes de salir de casa, los conecto al celular mientras hago malavares en el auto, abandono el coche e inmediatamente invaden mis orejas. Prendo, por lo regular, con la voz de Mi Dios y la canción "Enganchado a ti" o con "San Cosme y San Damián" el aparato y soy feliz hasta llegar a la Universidad.

Today... no ¬¬

¡¡¡SE ME OLVIDARON!!!

Bajo del auto, me dispongo a buscar los audifonos en mi cuello y ¡Joder! no estan... Casi me desvisto en medio de la estación buscando los malditos audifonos y no estaban.

Entre en pánico.

Los ruidos, el escuincle llorando, los reclamos por meterme en la fila de los boletos, la señora chismosa, el chillido de las vias con las llantas del metro. ¡MAMÁ!

Miraba como perdida a todos lados, seguro la señora junto a mi venía pensando: "pobre niña sin audifonos, inadaptada de su especie" El niño me mira, ¡Me esta juzgando!... No fue mi culpa, fue de mi madre...

¡¡¡Ella!!! Debe estar en la casa con los audifonos en la mano derecha y un martini en la izquierda, mirando el televisor y riendo de mi desdicha.

El transborde es un caos. Los militares apuntando hacía mi, tratando de reclutarme por no traer audifonos con que justificarme para ignorarlos. La plática insulsa de la novela de anoche que mantienen dos muchachas a un lado de la escalera.

Siguiente tren, corre, falta poco. ¡No puedo!... ¡Dios Bunbury ayudame!... "Tararea" dice una voz del más allá (¿O era del más acá?) con un acento peculiar. ¡Enrique me ha hablado! Le doy a la tarareada con "...Y al final" todos me miran extraño, pero no me importa. Ayuda con el dolor y el vacío que se siente en mis orejas sin música de fondo. Sin mi soundtrack particular.

Llego a la Universidad, nadie conocido. Corre, falta poco para entrar en tu salón. El prefecto me mira: "Qué me ve?... si Imbécil, no traigo audifonos ¿y qué? He llegado a sospechar que ese prefecto un día me dirá algo por siempre llegar tarde. Pero me desvío del tema.

El salón, mi salvación...

cinco... cuatro... tres... dos... uno...

¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!

Vacío... solo... abandonado... Nadie con quien hablar. Salvo las chicas estudiosas (ñoñas ¬¬) con las que ni punto para sacar plática.

A punto de llorar estoy cuando veo ahi... a lo lejos un hermoso rostro de maleante recién salido del reclusorio Norte, ese caminar extraño, la chamarra rasgada por Pepe y la sonrisa de "hola chicos... mae"

*pausa dramática*

¡Burgos!... mi martirio a terminado. Puedo decir ¡Aleluya! un enviado por Mi Dios para que no me sientiera mla sin audifonos...

El pánico pasa, vuelvo a la hiperactividad y paranoia normal. Saludo a Burgos con un estruendoso "Onii-sama" y respiro...

He sobrevivido... ¡Te he vencido puto pánico hijo de tu madre paniqueada!... ¡Vini, vidi, vinci!

Soy feliz, nada puede ser más perfecto. Hablo. HABLO.

tres... dos... uno...

¡Me falta el regreso a mi casa! (vuelve el pánico)

Continuará...

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Escribo con tinta roja de lágrimas de un juglar

jueves, 17 de abril de 2008

El arte culinario

Nunca he sido buena para eso de cocinar, de plano mi suerte con las ollas y cacerolas esta echada.

Lo primero que aprendí a hacer es un huevo. ¿Cómo los quiere? ¿Estrellados? ¿Revueltos? ¿Cocidos? o ¿Impactados contra mi pie? Le siguió el adobo, luego un pastel de café, los hot cakes y para rematar, la prueba de fuego (según mi madre y todas las mujeres mexicanas) ARROZ.

Fue todo un trauma hacer el bendito arroz rojo. Echalo, sofrielo, coselo, menealo, no lo batas, aceite, agua, jitomate, caldo... ¡Mecachis! que complicación.

Soy feliz sin pasarme por la cocina. Ni siquiera apoyo eso de comer en la mesa. Cuando me encuentro sola como desde la sala hasta el estudio. Nunca en el baño, venga, ni los animales. Pero no creo en eso de sentarse en una mesa a consumir "los sagrados alimentos". Tampoco doy gracias, ni uso los cubiertos que ponen, denme un tenedor que yo me entiendo.

Para mi Percy Spencer y la compañia Raytheon fueron unos genios al darnos el bendito horno de microondas. ¡Que Zeus los colme de bendiciones! No hay mejor invento para mi que ello (después de la computadora y todo aquello que alimenta mi frikerio)

Ese es mi pensar, aunque hoy el maldito aparato del mal me traicionó.

Estaba yo feliz estudiando unos asuntos de Investigación de Operaciones cuando recordé que tenía una bolsa de palomitas. Fui hasta la cocina, le menté la madre a la estufa alavando al hornito.

Metí la bolsa, le puse el tiempo y volví a mi estudio. Pasaban los minutos y el aparatucho no hacía el sonido caracteristico del termino de cocción. Fui a ver, no había sonado aunque ya estaba apagado. Abrí y la bolsa estaba a medio inflar, le puse más tiempo y volví al estudio. Repetí la operación y nada, no volvia a sonar.

Mentando madres a cuanto se me atravesara (entiendase la aspiradora) llegué a la cocina y abrí el microondas y ¡Puta Madre!


Casi me ahogo, no veía nada y apestaba a los mil demonios. Literalmente.

Las jodidas palomitas estaban rotas. Bueno, la bolsa. El empaque termino pegado al plato giratorio.

¡Mi madre!... Ella me iba a matar por su precioso horno (si tambien es fan) tantos años y yo lo jodí en un día.

Rápidamente abrí la ventana, la puerta de entrada, la trasera.

¡Aire!... ¡Aire!... ¡Que me muero!

Toda la sala quedo en tinieblas (en parte porque ya empezaba a anochecer, pero demosle dramatismo al asunto), no veía nada, pise a la perra, me di con la mesa del comer en una pierna, choque contra el sofá de la sala, dando tumbos entre las paredes del pasillo.

Mi ex-novio en el messenger, yo ahogandome, tratando de explicar porque me tardaba en responder y él burlandose de mi. Me lleva el cafre.

Luego de ventilada la casa, de que el vecino (que me gusta) preguntara el motivo del humo, la perra que casi se me da a la fuga y un mareo insoportable... Este es el resultado:


Palomitas a la me chingué.

Definitivamente, lo mio: NO ES LA COCINA. En niguna modalidad.








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Escribo con tinta roja de lágrimas de un juglar

miércoles, 16 de abril de 2008

Buscando...

A mi príncipe de las dulces penas.

A mi héroe de leyenda.

A: my country man.

A mi rulos.

Estoy buscando a alguien...

Alguien como él...

¿Lo puedo encontrar?

¿Puede detener mi busqueda?

¿Quiere ser encontrado?


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Escribo con tinta roja de lágrimas de un juglar